Cuentos reales
-Podríamos desayunar juntos...- le dijo a caperucita el lobo.
- Si. Podríamos. ¿Y a qué me invitaría señor Feroz?- pregunto ella, con un brillo de picardía en su mirada.
- No se. ¿A ti que te apetece mi niña?- Inquirió él acercándola hacia si mismo pero sin poder sostenerle la mirada. Porque caperucita podía arrancarle la piel con solo mirarlo.
- Yo... ahora mismo... siento antojo de carne de lobo- le susurro ella tiernamente al oído.
- [Huuummmmm]... en ese caso, creo que yo tomaré algo de carne roja- sentenció el también hambriento lobo.
Y sin más contemplaciones o miramientos, y despacito, con todo un mundo de tiempo, comenzaron el uno al otro por comerse a besos. Lentos, muy, muy lentos.
Y colorin colorado, espero que tú también disfrutes de un buen bocado.
